Algunos antecedentes

Colombia desde hace 60 años vive un grave conflicto social y armado, que ha sumido al país en un largo duelo. Los movimientos sociales y la población en general, aspiran a la paz pero intereses extranjeros y de quienes se lucran con el conflicto en Colombia mismo, lo impiden. La perspectiva de una salida política exige una real democratización y transformaciones estructurales en el país, todo lo cual es vetado por EEUU y sus aliados locales, la gran burguesía colombiana.

Barack Obama acabó de un golpe las esperanzas surgidas tras su llegada a la Casa Blanca, cuando se esperaba la inauguración de una nueva etapa en las relaciones entre EEUU y la América latina, Washington volvió a la política de la era Reagan. La instalación de 7 bases en Colombia y la llegada de tropas norteamericanas va a complicar una situación ya muy explosiva. Los EEUU han perpretado más 200 agresiones armadas e intervenciones en el continente, las cuales han dejado un amargo recuerdo, sentimiento que podría cristalizarse si desde territorio colombiano se agrede a Venezuela. En abril 2000, P. Coverdell, senador conservador norteamericano y promotor del Plan Colombia dijo : « Para controlar Venezuela, es necesario intervenir militarmente en Colombia ».

Un cruel conflicto

El conflicto social y armado colombiano, tiene prácticas del horror que son universales y otras que constituyen un « aporte » local al patrimonio universal de la deshumanización.

Entre las universales. Como en el genocidio ruandés, bandas paramilitares organizadas por el estado masacran la población civil, a machetazos. Como en la guerra del Vietnam, vastas zonas campesinas son rocíadas con productos químicos que no sólo atacan los cultivos ilícitos, sino que destruyen toda la flora y fauna silvestre, envenenan los ríos y producen cancer. Como en la Alemania nazi, los paramilitares orientados por las autoridades usan hormos crematorios para desaparecer a las víctimas, como lo explicó desde EEUU el jefe paramilitar Salvatore Mancuso, donde fue extraditado en 2008. Como en Brasil, el asesinato de niños pobres, vagabundos y prostitutas, es llamado « limpeza social ». La lista es interminable, y la mayoría de las veces, los ejecutores de estas atrocidades son militares, policías o bandas paramilitares.

Entre los « aportes colombianos », el uso de las motosierras para despedazar vivas a las víctimas. Peor, como lo dió a conocer el diario conservador, El Tiempo, hubo una escuela de descuartizamiento, las víctimas escogidas al azar eran llevadas a un sitio, donde eran descuartizadas vivas, especialistas formaban a los nuevos reclutas... Otro aporte. En la matanza de Mapiripán, los paramilitares, procedentes del Urabá antioqueño, asesinaron a 49 campesinos, entre el 15 y el 20 de julio de 1997 y tras cortar la cabeza de una víctima, jugaron con ella al fútbol, obligando a las familias a presenciar el partido. A esta particular disciplina deportiva le llaman mocha-cabezas (corta-cabezas).

No se trata de un horror gratuito e insensato. Ha sido un medio para desplazar a 4 millones de campesinos de sus tierras y robarselas ¿El botín? 6 millones de hectáreas ; las cuales han sido replantadas con palma africana, de la cual se extrae el bio-etanol que se exporta a Europa, con el objetivo de disminuir la contaminación. Los nuevos propietarios son los paramilitares, los campesinos lo han perdido todo.
Las riquezas naturales de Colombia han sido su condena. En las regiones ricas en yacimientos minerales o hidrocarburos, las autoridades expulsan a las poblaciones locales -sean campesinos o indígenas- mientras guardias y empresas privadas de seguridad, se coordinan con la policía y el ejército para perseguir y acabar toda resistencia a las expulsiones y masacres. Las empresas multinacionales sean norteamericanas o europeas, no sólo lo saben, sino que colaboran y financian las bandas paramilitares como British Petróleo BP o Coca-Cola.

RG

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