Entrevista con Claudia Duque, Periodista. Colombia

La dura batalla para conquistar la libertad de expresión


La periodista Claudia Duque, una activista en pro de los derechos humanos muy comprometida con la causa, es una profesional altamente reconocida y respetada en su ámbito de trabajo. Ha recibido el Historias de Vida  por su destacada actividad periodística y ha colaborado con organizaciones de prensa tales como la agencia noticiosa Colprensa. Es también autora de Rostros del secuestro y Fiscalía General de la Nación: Una esperanza convertida en amenaza. Pero el reconocimiento y la admiración de los que goza la han convertido a su vez víctima de acosos, amenazas y exilios.

Durante casi cinco años tuvo que enfrentar problemas legales en torno a sus investigaciones sobre el asesinato de su colega, el periodista Jamie Garzon, una historia que la atormentado por los ultimos 10 años.  Duque habla con la Asociación Mundial de Periódicos.


Sus reportajes la colocan regularmente en la primera línea de fuego, pero usted no se amedrenta. ¿De qué manera piensa que su labor contribuye a instaurar y a defender la libertad de prensa en Colombia? 

En mi calidad de defensora e investigadora de derechos humanos, he sido objeto de amenazas de muerte y de acoso; me han perseguido y acusado de difamación. En el caso más reciente en el que me vi involucrada en octubre de 2008 logre que el Tribunal Constitucional reconocería que los informes del servicio secreto acerca de mi trabajo existían. Mis antiguos guardaespaldas, contratados por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), la policía secreta de Colombia, con la misión de proporcionar informaciones directamente a la Presidencia eran los autores de los informes. El Tribunal Constitucional determinó que todos los informes del DAS vinculados con mi persona, incluso aquellos considerados como secretos o "expedientes de seguridad nacional", debian entregarse a mí y no clasificados. Los documentos incluían pruebas de vigilancia, "informes de trabajo", y diversos documentos más.

Este veredicto representa un avance fundamental para la instauración de la libertad de expresión, de opinión y de prensa. No sólo para mí es importante, sino también para todos los periodistas y activistas de derechos humanos víctimas de cualquier tipo de enjuiciamiento o acoso ilegales.  El Tribunal dictaminó que las fuerzas de seguridad y otras entidades sólo podían recabar informaciones sobre un individuo si sus actividades implicaban la participación en una actividad delictiva.  A resultas de esto, es ahora ilegal registrar y difundir información sobre la vida privada de las personas, aún cuando formen parte de programas de protección estatales, caso en el que yo me encontraba previamente.

He estado confrontada a esta situación durante los últimos 8 años y a  partir de ese momento me he hecho consciente de la importancia de una solidaridad activa.  Esto ha significado participar en diferentes acciones en defensa de colegas que también han sido objeto de persecuciones. He tenido la ocasión de hablar en representación de muchos de ellos, así como de brindarles asistencia directa, ayudándolos a irse del país o incluso a esconderse en la ciudad, o en algún otro sitio, o simplemente yendo a buscarlos cuando lo necesitaban. Hoy en día, creo firmemente que la única manera de instaurar la libertad de prensa en Colombia es mediante una defensa y un fomento colectivos. Más allá de divergencias, enfoques o ideas personales, la posibilidad de expresarse libremente se sitúa por encima  de cualquier interés o ideología.

Hace casi diez años, usted investigó el asesinato de su colega, el periodista Jaime Garzon, a raíz de lo cual fue víctima de acosos y de amenazas. ¿Cuál ha sido el precio a pagar por hacer reportajes tales como el del caso del asesinato de Gazon?


He pagado muy caro la investigación que llevé a cabo en el caso de Jaime Garzon: tres exilios, múltiples amenazas de muerte contra mi persona y la de mi hija, aislamiento, silencio y sufrimiento. También pesa sobre mí una demanda legal, hecha por el ex director adjunto del DAS. A través de los años, he aprendido que no existe en Colombia ni perdón ni olvido para quienes combaten la impunidad en casos flagrantes de violaciones de los derechos humanos. Hubo épocas en las que no podía salir a disfrutar del sol ni ir a un parque a jugar con mi hija pequeña, quien ha tenido que aprender a no responder al teléfono, a no dar detalles de índole personal y a no confiar en nadie.

¿Cómo puede crearse un entorno de trabajo más libre y más seguro para los periodistas en Colombia?

Desde mi punto de vista, la única manera de garantizar algún día la instauración de algo que pueda llamarse una auténtica libertad de expresión es acabar con la impunidad en los casos de asesinatos, torturas, intimidaciones y amenazas contra los periodistas, una situación que no he experimentado ni remotamente. La consolidación de programas alternativos de protección a los periodistas debería acompañarse de una política auténtica en favor de las libertades civiles en Colombia. Mientras el propio Presidente, junto con sus amigos cercanos y otros altos mandatarios estatales, sigan amenazando y poniendo en tela de juicio el derecho a la libertad de expresión y estigmatizando a los periodistas y disidentes, no será posible crear un marco seguro para que se desarrolle el periodismo en este país.

 

Fuente : Periodistas en la linea de mira

 

 

 

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